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julio 9, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #19

Creo que estoy engordando. Hoy me vi en una vidriera, medio de refilón, mientras apuraba el paso hacia el local, y me parece que estoy más gordo. No me presto mucha atención. Es que por lo general, si no ocurre nada trágico, uno se acostumbra a su cuerpo, por lo que no percibe los cambios que va sufriendo si estos son paulatinos. Pero creo que estoy engordando. Meses atrás, me parecía, por el contrario, estar más flaco. Era el estrés de abrir un negocio: iba de acá para allá, todo el día, tratando con diferentes personas, sufriendo presupuestos y esas cosas, poniéndome nervioso, porque el tiempo me apuraba. Ahora eso ya pasó, el negocio está abierto y uno se queda sentado todo el día esperando clientes. Quiero decir, todo el día. Y si debe moverse de alguna forma, lo hace digamos en unos cuantos pasos, nada más. Recorrer cuarenta metros cuadrados ida y vuelta un par de veces por día no le ayuda a bajar la panza a nadie. Menos, por supuesto, si hay pocos clientes y uno se mueve poco -como en estos días fríos, sin combustible y sin aviones. Tal vez haya en el librero un síndrome: el de la panza. El de la panza, quiero decir, de una cierta forma o volumen. Lo he visto en otros libreros… Antes, mucho antes de que nosotros pusiéramos una librería… Por ejemplo, he visto a uno engordar notablemente desde que lo conocí: un par de años atrás, este tipo era flaco. Hace un tiempo lo vi entrar a un banco -a pagarle a alguna editorial seguramente-, y lo acompañaba cierto bamboleo en sus cuartos traseros que antes no. Yo me reía, insolentemente, imaginando que ese cuerpo ya tenía la forma de un asiento: el asiento del que está detrás de un mostrador esperando por clientes, y que mientras tanto lee o hace como que trabaja en la computadora. No sé a qué se dedicaba antes, pero desde que es librero al menos desde el cuello para abajo su cuerpo cambió -mucho, como cambia, digamos, la levadura cuando se la deja reposar. Y ahora me parece que me está pasando lo mismo. Desde mañana, empiezo a atender de pie.

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