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julio 10, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #20

Día atípico. Empecemos por (casi) lo último: acabamos de cenar verduras. Yo, con vino, las chicas con soda y agua. Por la tarde aprovechamos el feriado: la más joven de la familia dando rienda suelta a su vocación cineasta y actuando y co-dirigiendo un corto de terror con dos de sus amigas; la más vieja (se enojaría si llegara a leer esto), planchando; yo, limpiando el frente de la casa y el patio. Mucho viento hoy, un día horrible. Atípico por el feriado y horrible por el viento, que amontonó tierra y mugre y empujó a la gente a sus casas. Durante la siesta, y como no iba a dormir, aproveché para ver una película que me recomendó un amigo: Synecdoche, New York. A ver… me parece que nunca he visto una película con Philip Seymour Hoffman que me gustara… Magnolia, tal vez, pero era un espectador fácilmente impresionable en esa época. ¡Y The Big Lebowski, cómo no! Pero claro, lo que debí decir, mejor, es que nunca vi una película con Philip Seymour Hoffman como protagonista que me gustara. Es un actor falsísimo, si me preguntan. Apenas superado por Edward Norton y por Ben Affleck, el peor de todos. Creo que si el futuro del cine dependiera de estos tres, dejaría de ver películas. El hecho de que la gente se amontonara en sus casas por culpa del viento, hizo, claro, que hubiera poca gente en las calles, lo que sumado al feriado prácticamente hizo desaparecer los clientes de la librería. Abrimos medio día y tuvimos poco trabajo. Los vecinos laborales (una despensa, una verdulería, una pescadería, una veterinaria), no la tuvieron mejor que nosotros. Es gracioso escucharlos quejarse. Se amontonan alrededor de un contenedor de basura que hay frente a la verdulería y le dan duro y parejo a la labia. Algo para ver, mientras tanto, tenían: hinchas paraguayos de fútbol, haciendo tiempo antes de ir a ver a su selección a la cancha. Muy serenos, sacando fotos a cualquier cosa y sin reparar un minuto en nuestros negocios. A Larisa no se la vio paseando por ahí. Se hubieran (nos) desmayado los muchachos. Son unos grandes miradores de culos y a la vez grandes comentaristas al respecto -yo no sé de dónde sacan tanta imaginación. Mientras barría la vereda -al cuete, porque el viento hacía lo que quería con las hojas y la tierra y mi paciencia-, los muchachos, poniéndose medio serios, comentaban sobre un atentado. Después me enteraría de quién se trataba. Y ahora me voy a ver qué dan por Combate Space.

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