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julio 20, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #26

Un buen día: vendimos libros que valen la pena. Un ensayo sobre la posibilidad de los viajes en el tiempo, una colección de cuentos de Amos Oz (que debería haber dejado reservada para cuando le den el Nobel, a ver si aumenta el precio), Al señor zorro le gustan los libros, Eloísa y los bichos (literatura kafkiana para niños, increíble), y así… O sea, buenas cosas. Y uno que me llamó especialmente la atención: Los caminantes. Lo que me llamó la atención no es el libro, sino que se haya vendido. Es una novela de zombies, que no sé qué aporta al género, a no ser el hecho de que esté escrita en castellano. La escribe un tal Carlos Sisí, que tuvo tanto éxito con Los caminantes (en España, lo cual no es raro, siendo que tuvo éxito [•REC], por caso, una película de zombies al parecer dirigida también por zombies), que ya ha lanzado la segunda parte y se ha puesto a escribir la tercera. No creo que se consigan en nuestra librería. Será un riesgo tenerlas, un riesgo que no quiero correr de nuevo. Confieso que no sé cómo me atreví a tanto con Los caminantes, una novela cara, de un absoluto desconocido por aquí, sobre un género explotado de más del cual no creo que haya muchos cultures -más que los fanáticos del cine de Romero (quienes vaya uno a saber si soportan a los muertos vivientes en los libros). No ya las novelas, como la de Sisí, a la que aguanté pocas páginas, pero a mí, particularmente, las películas de zombies me dan mucha pena. Ver a esos pobres tipos dando tumbos de acá para allá desesperados por carne fresca y en lo posible viva, vistiendo las mismas ropas que llevaban antes de morir -soldados, payasos, maestros de escuela, ejecutivos, obreros-, medio podridos algunos, sin algún que otro miembro y con esas caras de no tenerlas todas consigo, me da mucha pena. No lo saben, pero no tienen ninguna esperanza. Después de Romero, por supuesto, no se puede seguir filmando (o escribir sobre) muertos que caminan. Ya está.  En ese terreno sí que está todo dicho. Land of the dead, donde está más presente que nunca lo único que le interesó a Romero siempre: la lucha de clases, es tal vez lo último de lo último que se pueda decir sobre el tema. El giro inesperado de la saga también es su giro final: los muertos vivientes “nivelan” las diferencias sociales y ambos (muertos y vivos) pasan a vivir juntos… no necesariamente a aceptarse, pero en fin… Y después tenemos a The Walking Dead, una serie que supo llamar mi atención el año pasado… y que hablando de zombies que dan pena es la más difícil de soportar de todas. No es a veces el terror lo más jodido en estas obras, sino esas expresiones de dolor o el fondo de esos ojos que han perdido su color pero donde se esconden como en sombras los recuerdos de una persona que ya no es la que está ahí… y que se te echa encima para comerte. Son obras dramáticas, tristes, exasperantes… que no creo que vuelva a traer a la librería.

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