Skip to content
julio 21, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #27

El Tantrix es un juego de mesa consistente en varias fichas hexagonales -las cuales tienen líneas y curvas de colores-, que propone, entre otros desafíos, armar circuitos cerrados, de determinado color, teniendo en cuenta que los demás colores deben coincidir entre sí. Es complicado de explicar, así que lo dejo ahí. Se puede empezar a jugar a los seis (6) años -por lo menos es lo que garantiza el creador. En la librería lo hemos probado con varios niños, de siete, ocho, diez, doce… y la mayoría logra armar circuitos de hasta ocho piezas, con algo de ayuda nueve. Nuestros vecinos comerciales (almacenero, verdulero, pescadero…) también lo han intentado, sobre la tapa del contenedor de basura que está frente a la verdulería, y llegaron, en un tiempo digamos generoso, a armar circuitos de diez piezas. Hoy entró una pareja insoportable, con una nena amorosa -pobre criatura. Estuvieron buscando libros baratos un largo rato, demasiado largo. Son esos clientes que uno no sabe qué hacer para que se vayan. A la nena le gustaba todo, pero todo. Cualquier cosa que le mostrábamos le venía bien. Y se ve que la tratamos como los padres no, porque antes de irse abrazó a mi mujer como si la conociera de toda la vida. Pero bueno, antes, mientras la nena buscaba libros de princesas y esas cosas, el padre, un imbécil, se quejaba porque quería un libro que la hiciera pensar… Y bueno, le propuse, mientras ella busca un libro de esos, pensá vos: y le mostré el Tantrix. Llegó a armar un circuito de seis (6) piezas -en casi veinte minutos-, y ahí lo dejó, haciendo con la pieza número 7 cualquier barbaridad y largando todo de mala manera: Esto no es para mí. Frustrado, apuró a la nena, a su mujer -otra tarada, una rubia que debe de gastar más en tintura que en regalos para su hija-, y a pesar de las elecciones mucho más acertadas de la nena en materia literaria, eligieron un librito barato, como dije -un librito que ella, la nena, no había tenido en cuenta-, una compra de compromiso, digamos, y se fueron. Gracias al Tantrix.

A %d blogueros les gusta esto: