Skip to content
agosto 15, 2011 / Roberto Giaccaglia

Proyecto canción #1

“Go with the Flow”, del disco Songs for the Deaf (Queens of the Stone Age, 2002)

En el cd que me compré hacia finales de 2002, de edición argentina, se escucha, una milésima de segundos antes del comienzo de la canción, un ruido, digamos, como el de quien pulsa el botón del stop en un grabador, o quizá, mejor, el del eject, cosa que no se escucha tan claramente en el cd importado -donde el “chasquido” parece integrado a la canción-, que aporta, por el contrario, más detalles y claridad en otros aspectos, tal vez estos sí fundamentales, como las voces de los coros, nítidas, y algunos detalles de la batería de Dave Grohl, quizá por contar con un poco menos de compresión, pues en el cd de edición argentina todo suena como abombado, lo que cansa al oído después de un par de canciones. De hecho, no solía escuchar todo el disco de una sola vez, aun apenas comprado, sino que saltaba de canción en canción, o ponía una y otra vez la que para mí es la mejor del disco, claro, una canción que resume en sus tres minutos y pocos segundos de duración las intenciones del rock desértico, que no son otras que las del rock lisérgico llevadas esta vez con más apuro y determinación: una melodía que transporta al oyente ejecutada sobre un fondo abrasivo, no como si de alguna manera se le quisiera poner un freno a ese vuelo, sino, por caso, el aviso de que una vez arriba ya no se puede bajar, por el peligro que representa tocar el piso. Y a eso hay que sumarle, claro, cierta obsesión con la figura de la mujer, que no es, como en otras acometidas sexistas, de cuero y tachas, o de gorrita al revés, la de la posesión, tener a la mujer como sirvienta de nuestros deseos, sino todo lo contrario: la figura de la mujer como emblema de poder, una figura, si se quiere, un tanto demoníaca, pero a la que uno se entrega con gusto, deseando ser devorado. Es la imaginería que recorre todo el rock desértico, junto a las de las drogas, que es otra de sus cuestiones primordiales. Como la mujer, la droga, para el rock desértico, es fuente de inspiración y también de perdición: por eso aquello de “volar sin poner jamás la vista en el piso”. La banda dedica una canción a este, uno de sus tópicos: cómo usar la droga sin que ella te termine usando: “First It Giveth” -por eso de que “primero te da, después te quita”-, asunto, como digo, recurrente en el rock desértico, pero sobre todo plasmado allí, en esa canción. Ya que estamos, “Go with the Flow” podría sí tener el mismo tópico que “First It Giveth”, pero no creo que las líneas “Quiero algo bueno por lo que morir…” y apenas más adelante: “… para hacer bello el vivir” tengan que ver con la droga. Ninguna banda seria lo tomaría como una cuestión principal, o tan personal. No. Se trata de otra clase de perdición, de otra clase de inspiración y entrega. Se trata de “Ella”, con mayúscula, es decir la figura de la mujer como emblema de poder, o como representación de una clase de peligro -querido, anhelado- que es capaz de terminar con la voluntad de quien se acerca demasiado. En un principio pensé que ese peligro era “el amor”, pero no estaba más que poniéndole un nombre a algo que por ser lo bastante peligroso -o sublime- tendría que carecer de él, es decir de nombre, como quien en determinado momento es incapaz de nombrar sensaciones o estados de ánimo. Tal es así, que sinceramente pensaba que ese ruido que escuchaba en mi cd, separaba o servía aún más para diferenciar si hiciera falta, todavía de manera más clara, el resto del disco de esta canción, donde por breves tres minutos y pocos segundos uno se sumerge en otra cosa, otra porción de realidad, o de sueño o de fantasía, donde hay sensaciones o momentos que no pueden nombrarse.

A %d blogueros les gusta esto: