Skip to content
septiembre 13, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #40

-¿Querés terminar el mes con plata? -me preguntó una señora que ya se estaba yendo y que volvió sobre sus pasos, como si se hubiera acordado de algo importante. Llevaba un colgante extraño, un medallón oscuro, grande, con signos tallados que no conozco, sujeto por un cordel con plumas pequeñas, verdes y azules, yo calculo que artificiales, pero no estoy seguro. Había entrado al local con cierto apuro, diría, como si su intención fuera otra, y no, por caso, preguntar por los libros que al final no se llevó. Tal vez estuviera despistando a algún perseguidor imaginario.
-Claro -le contesté.
-Bueno, agarrá un frasco con tapa y metele dentro una moneda…
-¿De cuánto?
-Es lo mismo, eso no importa, cualquiera…
-Ah, bueno.
-Le metés una moneda, unas hojas de ruda y lo llenás de agua…
-¿Todos los días?
-No, escuchame, tenés que arrancar los martes…
-Los martes…
-Sí, los martes, los martes agarrás el frasco, le ponés la moneda, las hojas de ruda, el agua y lo tapás. Y al martes que viene, le sacás el agua…
-Pero no la moneda ni las hojas.
-No, eso no, la moneda y las hojas las dejás, le cambiás el agua nomás.
-¿Todos los martes?
-Todos los martes, sin falta.
-¿Y las hojas no se van pudriendo?
-Al otro mes las cambiás, ahí sí.
-¿Y funciona?
-Claro que funciona. Yo lo vengo haciendo desde hace años, y nunca me faltó nada.
-Bueno, habrá que probarlo entonces.
Y se fue, tan rápido como entró, muy feliz al parecer, cargando las tres bolsas del supermercado Disco con las que entró, y que había ido pasando, mientras hablaba y preguntaba por libros, de una mano a la otra, sin que hubiese necesidad, las bolsas estaban a medio llenar, y de cosas, se notaba, livianas, pequeñas, mínimas. Tal vez sea alguien, pensé, no que huye, sino que va de acá para allá predicando cierta esperanza, una ilusión que incluso ella misma tiene, lo cual no es poco.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: