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abril 8, 2012 / Roberto Giaccaglia

Un dos tres probando

Anoche -a falta de transmisiones internacionales- vi unas peleas de boxeadores argentinos, que emitió TyC Sports. Muy malas todas, y por momentos los “deportistas” lucieron lamentables, tanto los que perdieron, como los que ganaron. Estos muchachos harán muy bien su trabajo cuando los emplea una patota sindical, pero arriba del ring son otra historia. Si se espera, con semejante material, que del boxeo argentino surjan talentos como los de antaño, nos conviene esperar sentados, o mejor invernar, como Walt Disney. ¿Qué es todo ese circo que festejan tanto? ¿Qué son esas banderas, esos cánticos, esas camisetas con los nombres de políticos estampados? ¿Y los periodistas? ¿Qué fue de los periodistas de boxeo? ¿Existieron realmente o tipos como Julio Ernesto Vila fueron producto de la imaginación? ¿No hay nadie que se anime a desenmascarar a los mamarrachos que suben al ring? ¿Alguien que los ponga en su lugar? Yo sé que de algo hay que vivir, y que el boxeo suele ser la elección de los que no tienen mucho para elegir, pero la federación argentina de boxeo tendría que alentar otro tipo de espectáculos, por lo menos si se quiere que el boxeo argentino no quede tan relegado en el panorama mundial, justo ahora, encima, cuando tampoco el panorama mundial es una maravilla… Igual, no hay punto de comparación. El nivel de los peleadores de anoche era una fantochada.
Todo muy triste. Escritores de mi predilección han hecho grandes relatos con boxeadores malos, perdedores natos, boxeadores que hasta en el triunfo se veían humillados, sólo por la realidad de saberse pésimos y sin embargo no contar con otra cosa para hacer, pero anoche fue tan palpable la miseria en la que se está sumiendo a este deporte que no da ni siquiera para componer una historia acorde. Todo es literatura, diría Mario Levrero, a la larga todo va a ser contado, por más penoso que nos resulte hoy un “espectáculo” de esta clase, va a volver en otra forma, será sólo un hecho narrado sobre el papel, acaso se vuelva con el tiempo una fantasía más, pero ahora no puede dar menos que vergüenza, y esa vergüenza duele, lastima, da ganas de pasar a otra cosa y olvidarla. Que se queden con su circo, que se queden con su propaganda sindical, con sus cánticos y su falta de entrenamiento, de seriedad y al fin de honestidad. Que sigan convencidos de que cualquier payaso puede calzarse unos guantes y hacer el burro, para que la televisión se quede con unos pesos, los clubes donde se hacen las peleas con otros tantos, los promotores ni hablar y la federación otro poquito. Les podemos regalar todo eso, no lo necesitamos.
Encima con el cine tampoco vengo que es una barbaridad. Venía bien, la otra semana, con Moneyball y De caravana, pero ayer a la tarde se me ocurrió ver I Saw the Devil -primero se me “ocurrió” bajarla. Puf. Me dejé engañar por las reseñas y los premios. Dicen que “está bien filmada”. Ja. ¿Cómo se hace para filmar mal hoy en día? La película tiene su intensidad, eso no puede negarse, y su protagonista es una máquina actoral, por supuesto, el tipo sería una estrella internacional si hubiese nacido en otro lado, hasta habría que rehacer las Misión Imposible y sacarlo a Tom Cruise, que ya está viejo, pero igual la película es una mierda. Lo de siempre, lo acostumbrado: sangre y venganza, con más sangre, con las cuotas sabidas de permisividad voyeurística, como para dejar contento al espectador sanguinario. En Corea la recortaron un poco, aunque no creo que el trabajo de censura haya hecho demasiado por mejorar la película. Igual, supongo que se habrá entendido a la perfección, porque básicamente mucho que entender no hay. Hay un loco que mata mujeres, mata a la de un policía, el policía lo atrapa, lo castiga de lo lindo y lo deja ir… para poder agarrarlo de nuevo y volver a castigarlo. Es la típica “lección” de buena conciencia que reza que todos podemos convertirnos en bestias, en seres despiados, vengativos, inmisericiordiosos, etc. O sea, la sociedad como creadora de locos de mierda, todo el tiempo. A uno le queda la sensación de que nadie tiene pues la culpa de nada. No es raro, con todo, que una película de “horror” actual nos plantee estas cuestiones, pues el cine de hoy nos ha hecho creer de alguna manera que el terror es un juego que practicamos todo el tiempo. El miedo a “lo otro” ya no es tan grande como el miedo a “nosotros mismos”. El catch and release que practica el protagonista de I Saw the Devil es apenas una versión más del programa truculento y despiadado de películas como Saw y Hostel, sólo que en vez de convertir a los malos en protagonistas lo hace con un bueno. ¿“Bueno”? Mmnm…. Ya no hay. El cine de hoy nos hace pensar de los malos que son en realidad “locos”, y de los buenos que la locura los vuelve “malos”. O sea, todo se integra en un pastiche inidentificable. Malos tiempos.

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