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abril 16, 2012 / Roberto Giaccaglia

Abril rojo

Algo de ganas tenía de ver el regreso a la televisión de Lanata -hoy mismo, dentro de un rato-, pero me enteré de que va a estar el boludo de Pergolini y se me fueron. Capaz que igual lo vea, pero no sé, no sé. También podría irme a la cama y leer algo de la cantidad de obras que estoy leyendo, La novela luminosa, Choque de reyes, Los pichiciegos, La vida breve, Piedras encantadas, la mayoría de ellas relecturas, pero igual novelas que se acumulan ahora mismo en mi escritorio y que probablemente dentro de unos minutos estén en mi mesita de luz o en el piso, al lado de la cama, esperando que elija una de ellas. Confieso que la política argentina dejó de importarme, así como las noticias en general. Ya ni siquiera leo las tapas de los diarios. Quieras o no, de cualquier manera, la realidad o las novedades terminan llegándote. Es imposible escabullirse del todo. Así que bien poco puede entusiasmarme el regreso de Lanata a la tele. Ni siquiera veo eso que llaman “la tele”. Lo que veo son cosas puntuales, que no son “la tele”: boxeo, y preparación de comidas en el Gourmet o Utilísima. Tal vez lo haga concientemente, para evadirme lo más posible de todas las pelotudeces que andan dando vueltas, y de las cuales no creo ninguna, vengan del oficialismo o de los contreras. El periodismo en Argentina es tan malo que no se le puede creer ni a unos ni a otros. Los forros se han hecho cargo de los micrófonos y de los procesadores de texto. Las tapas de la revista Noticias, por poner un ejemplo contrera, dan vergüenza ajena, ni hablar del diario Perfil. Y bueno, pará de contar, porque no se puede siquiera mentar el tremendismo de Clarín y las dos o tres publicaciones menores que le hacen la corte. Y después están los medios oficiales, que me provocan dolor de panza, una bronca difícil de soportar. Así que cuando paso cerca de un quiosco ya no hago lo que tiempo atrás, detenerme: sé que todos quieren tomarme el pelo, aprovecharse de mi buena voluntad de estar “informado”, así que elijo pues no informarme en absoluto. El mundo sigue sin mí y lo bien que hace, así como yo puedo seguir sin estar enterado de nada. Si acaso, me detengo para ver alguna revista de autos, o, ya que estamos, la nueva edición de El Gourmet.com o de la revista Lugares, muy buenas cualquiera de las dos. ¿Y para qué carajo invitó Lanata al boludo de Pergolini, digo yo?

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