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abril 20, 2012 / Roberto Giaccaglia

La vida secreta de los delfines

Estaba pensando que LCD Soundsystem por ahí de vez en cuando se parece a New Order, más precisamente en una canción, “Tribulations”, y justo la canción que viene enseguidita tiene el nombre, mirá vos, de un disco de New Order, “Movement”, pero ésta no se parece a New Order, sino, por poner, a esos grupos inspirados en Gang of Four y que se dieron en llamar punk dancers o algo así, todo lo cual, a su vez, por lo menos a mí me parece, tiene que ver principalmente con The Rapture, una banda a la que le perdí el rastro y que por alguna razón me hacía poner algo triste, si no mucho: como si Ian Curtis intentara bailar, y no precisamente por culpa de sus ataques de epilepsia, o por lo menos si intentara bailar para alegrarte un cumpleaños, con lo que, al nombrar a Ian Curtis, volvemos al principio: a New Order, con lo que dijo un crítico de rock una vez: que la desición de Ian Curtis al menos posibilitó la existencia de New Order, un chiste negro si los hay, pero en fin, que Ian Curtis tenía un humor por lo menos oscuro, o grisáceo, nadie lo puede negar, así como el hecho de que Joy Division nunca hubiera llegado a vender tantos discos como el grupo que se desformó de sus astillas, del que rara vez, mirá vos, puedo disfrutar un disco entero, aunque hoy en el negocio, mirando ente distraído y medio apocado caer la noche, entreverado en la letanía que sucede o mejor dicho empieza a acontecer luego de que pasa una hora u hora y media sin clientes, escuché con cierta ligera satisfacción una linda canción de su segundo disco, “Your Silent Face”, sin pensar que por la noche, mientras escribiera estas líneas, cosa que de manera alguna tenía forma de saber, se me iba a dar por poner LCD Soundsystem, un grupo que dicho sea de paso nunca terminó de convencerme, a no ser, no sé si ya me estoy repitiendo, esa canción que para mí al menos se parece vagamente a New Order, “Tribulations”, al menos en su sonido, o en ese procesador por el que pasaron a la voz del cantante, que parece estar haciendo lo suyo en una habitación que queda a varios metros de donde pusieron el micrófono, éste más cerca de los teclados, que suenan tan dulces, monótonos y etéreos como las mejores composiciones de New Order o la guitarra de Robert Smith en la época en que su grupo era simple y él estaba muy apenado por el suicidio de Ian Curtis.

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