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abril 21, 2012 / Roberto Giaccaglia

Tengo una palabra o dos

Debo de estar más desactualizado de lo que creía. Hasta Hernán Casciari opina sobre YPF, y yo no sé bien de qué se trata el asunto. Hoy mismo, mientras con mi mujer paseábamos a nuestra perra -una cruza rara de pastor inglés con dios sabe qué-, vimos a una conocida esperando el colectivo, una señora grande ya, de noventa y pico. Nos saludamos, charlamos un poco, etc., acarició a nuestra perra, y para despedirse nos dijo algo como “Mirá vos, cuánto se está hablando de nosotros ahora, en todo el mundo… ¡y qué mal!”. Tardé en reaccionar, lo juro, porque no sabía a qué venía el supuesto escándalo. Algo que ver con Tinelli, seguro, pensé, pero mi mujer, que mira más televisión que yo y lee los diarios, enseguida dijo “Ah, sí, por lo de YPF, qué cosa…”. Pero como ya la charla había languidecido y después de todo no tiene una opinión formada al respecto, y ni siquiera le interesa, lo dejamos ahí y nos despedimos.
El tema está en todos lados, entonces, pero yo no sé de qué están todos tan enterados y preocupados -como si hasta mi madrina tuviera acciones allí-, y la verdad que me hace sentir como en una lejanía. Mirá que para que Casciari, que siempre habla de blogs, de señoras que se hacen pis encima, de que España merece ser invadida, de alfajores de maizena y de la importancia del fútbol o cosas así, se ponga tan serio -y en serio- a hablar sobre YPF… Bah, en “serio”. Hoy cualquier boludo habla en serio. La verdad que para decir cosas como que el gobierno español -señores de corbata, dice él, señores viejos, que no saben bajarse una película- tiene miedo de que “las personas que no son caretas tomen la sartén por el mango” refiriéndose con ello al gobierno argentino, que no sería careta, o que estaría manejado, ya que estamos, por gente joven, sin corbata, que sabe bajarse una película -¡y tocar la guitarra eléctrica!-, para decir eso, retomo, hay que ser en realidad poco serio, y más bien un humorista. De cuarta.
Como en millones de temas, nadie sabe en realidad un carajo. La voz de la calle, que va de la indignación al festejo, no me dice nada. La señora con la que nos encontramos hoy -mi mujer, mi perra y yo- seguramente es anti-K, porque nos demostró su enojo por “lo mal” que la presidenta nos estaba haciendo quedar en el mundo. Pero el kioskero que pasó el otro día frente a la librería le gritó a uno muy contento que ahora volvíamos a ser soberanos, contento como si acabáramos de ganar un mundial, chocho de la vida, como si al otro día viajara a poner la bandera argentina en Malvinas. Etc.
No sé con qué argumentos la presidenta recuperó “para nosotros” -¡gracias, gracias!- la empresa, pero espero que no haya sido mentando la corrupción y el aprovechamiento con los que se manejaba Repsol, porque ahí entonces, pobre Casciari, el caretismo de nuestro gobierno sería proverbial, de fábula. Lucrar con los recursos públicos es un deporte más nacional que el pato.
Uno está tentado a decir que la verdad que quitarle el privilegio de lucrar con estos recursos públicos -y naturales- a señores serios, monárquicos, que no saben bajarse una película y que usan corbata, para dárselo a los guitarristas eléctricos de nuestro gobierno le da exactamente lo mismo. Es la misma mierda.
Vamos a ver qué dice Lanata mañana.

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