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abril 22, 2012 / Roberto Giaccaglia

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Me gustaría tener algo para decir hoy, pero es domingo, y por lo general los domingos la comida me cae mal, debe de ser, casi seguro, porque los domingos paso mucho tiempo sentado, por eso y porque la comida de los domingos suele ser pesada, y abundante, así que lo que resta del día que sigue al almuerzo el humor que me invade es más bien oscuro, o por lo menos gris, es cierto que pensamos a partir del estómago, y los paseos que suelen seguir a la siesta o a la hora de la siesta, porque casi nunca duermo siesta los domingos, no ayudan mucho a mejorar las cosas, por algún motivo u otro veo a la gente alicaida, sensible de más, como yo mismo, y hasta asustada de empezar al otro día una nueva jornada, pero en el fondo aguardándola, como algo que viniera a rescatarlas de la nadería de los domingos, ese no saber qué hacer con el tiempo.

64 páginas de Festival, la novela de Aira. En algún punto perdí el hilo, ahora está hablando un embajador que no sé bien de dónde salió.
204 de Los pichiciegos, la novela de Fogwill. Me parece mejor, más divertida, más cruda, con algo para decir, y no por su significación política o acaso por su mensaje, sino sobre la condición humana, y dicho de una manera en la que el escritor nos hace pensar, o al menos nos lo hace creer, que lo dijo así nomás, como le salió, al correr de la pluma, sin mirar por sobre su hombro a ver si lo que ha puesto está bien o no, deja conforme al lector o no.
110 de La traducción, la novela de De Santis. No sé si voy a seguir. No estoy en una de sus páginas más felices, por decirlo de alguna manera, o más logradas, para hablar con propiedad. El clima se resiente un poco aquí, la extrañeza, o el ahogo al que empujan otros pasajes. Es casi esperable lo que está por suceder.
36 de Piedras encantadas, de uno de los escritores que Bolaño nos hizo creer que le gustaba mucho, Rodrigo Rey Rosa. No está mal la novela. Pero es sólo eso, que no está mal. Pasa poco, y no se dice casi nada. ¿Arte elíptico, o acaso pocas ocurrencias? Es probable que Bolaño nos haya engañado, o haya sido muy amigo de Rey Rosa.

Es increíble como algunas relecturas refuerzan nuestro gusto por la obra (Los pichiciegos), y otras en cambio nos hacen, paradójicamente, irlas olvidando.
Y es una casualidad que la novela de Aira, Festival, trate sobre esto mismo -entre otras cuestiones, que a simple vista parecen tratadas a la ligera, pero bueno, es Aira. Ya lo voy a buscar, podría explayarme sobre eso, no con otro fin que el de explicarme a mí mismo por qué ocurren estas cosas -que uno olvide una obra o ratifique su gusto o placer con segundas o terceras visitas, no por qué ocurre la ligereza de Aira.
Me voy a ver Tinker Tailor Soldier Spy, con uno de mis actores preferidos: Gary Oldman.

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