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abril 26, 2012 / Roberto Giaccaglia

Aunque hubiera sido así

No, en serio, mi intención era escribir más seguido, pero ya ves, con tantas ocupaciones se hace difícil. Hoy salió el nuevo Ubuntu, y estuve leyendo sobre eso. Y además el foro de música donde participo (en inglés, donde uso un nombre falso, en inglés) publicó una larga lista de discos (vinilos) sobre los que opinar y/o escuchar o simplemente ver qué tienen otros para decir. Y después está lo demás, es decir todo lo demás, la carga de realidad cotidiana, en fin. Andamos preparando un viaje, también… Mirá, es más, ni tiempo para leer novelas he tenido, o ensayos, o cuentos, o explorar libros de autoayuda, algo a lo que me había abocado con cierta dedicación semanas atrás, esperando encontrar alguna pista, la punta del hilo que me permitiera desovillar mis dudas sobre la materia, que por ser tan grande mi ignorancia al respecto son a su vez tantas pero tantas.
Aunque lo de “explorar” libros de autoayuda no es del todo cierto, en su parte que dice no lo hice en estos días, porque cayó en mis manos el último opúsculo de Sergio Sinay, algo sobre el trabajo, que no me acuerdo bien cómo se llama pero que creo que es ¿Por qué trabajamos? Tiene una cara de pensador el tipo desde la contratapa que asusta. Uno dice: Uy, este libro debe de ser re difícil, mirá cómo mira este: se parece a Tomás Abraham, pero feliz. Pero no, no es difícil, para nada. Son citas, en su mayoría. Sinay te dice algo y después apoya lo dicho en alguna cita, que a veces es más larga que lo que dijo él. Y te deja la fuente: casi simpre una dirección de Internet. Y bueno, es así, los escritores ya no leen. Y los que escriben esta clase de libros menos que menos.
Pero el tema del trabajo, para mí, sobre todo, que casi nunca trabajé y que me la pasé pensando cómo es que la gente necesita tanto pero tanto trabajar, es muy interesante. No por la parte material, digamos, la del sustento, sino por la psicológica: la gente se afianza en el trabajo, obtiene su identidad, es una necesidad que está más allá del sueldo que espera a fin de mes. Así y todo, mire usted qué paradoja, la gente es muy infeliz trabajando. Por eso Sinay escribió este libro, o juntó citas y armó un libro: porque la gente sufre trabajando y él quiere explicar por qué y qué hacer para revertirlo.
A lo mejor estoy siendo injusto, porque no lo terminé de leer, apenas voy por la página setenta y pico, y después a lo mejor cambia y Sinay se larga con un par de pensamientos profundos que horadan mi palabrerío y mis sentencias de ensayista superado y crítico mala onda. Pero es así, eh, hay libros que te piden a gritos que dejes de leerlos. Te dicen: Flaco, acá no hay nada nuevo, pone la tele o volvé a esa película que suspendiste al vicio nomás. Si sigo con el libro de Sinay es porque me impuse -más o menos- esta ardua tarea de abocarme a los libros de autoayuda para ver qué es lo que tienen para decir y por qué -supuestamente- hacen tanta falta.
Y bueno, Sinay, como cualquier otro hombre bueno, feliz y más inteligente que uno, intenta hacernos ver que aquello que en realidad odiamos puede esconder algo bueno dentro, siempre que sepamos mirar. Un tiempo atrás, cuando sólo había leído (algunas páginas) el libro del ruso loco Vadim Zeland, se me ocurrió decir que los libros de autoayuda tendían al anarquismo, a la revolución. Pero no, fui un gil, generalicé mal, hice eso de agarrar un ejemplo cualquiera y hacer de él un rebaño. En todo caso, al menos al lado de este, el de Vadim Zeland sí tiende al anarquismo, al viva la pepa, al tomemos el mundo por asalto y démoslo vuelta. Pero el de Sinay… por ahora, por ahorita nomás, tiende al conformismo. Nos “explica” qué es el trabajo, cuáles son sus virtudes, qué busca el hombre en él… aceptación, identidad, formar parte de algo, etc., todo lo cual Sinay lo ve con buenos ojos, porque de alguna manera estas “virtudes” del trabajo dan cierta seguridad al hombre, o por lo menos un sentido de pertencia, un cobijo, una cueva donde sentirse guarecido contra los males.
Lo interesante, y que seguramente tomó de Wikipedia, son los datos con los que nos empapa al comienzo del libro: la cantidad de suicidios que se da en los ejecutivos de las grandes empresas europeas. Los tipos no soportan la presión, escriben una carta denunciando a sus jefes y saltan por la ventana, o algo. Todos hacen más o menos lo mismo, escriben una carta. Esperan seguramente que sus palabras finales les habran los ojos a los miles que como ellos tienen día a día que enfrentar la acritud de sus patrones de saco y corbata.
Sobre el tema de la presión laboral en el ambiente ejecutivo hay una gran película, que pasó desapercibida el año pasado y que tiene un guión y unos actores de puta madre: Margin Call. Cuando tenga ganas la voy a comentar, una vez, tal vez, que me adentre un poco más en el libro de Sinay, para comparar las cosas y ver cuál de los dos, el libro de autoayuda o la película -que no es de autoayuda ni nada-, me deja las cosas más en claro acerca de esto del trabajo.
También hay un libro muy interesante, que no considero de autoayuda porque -como bien dijo mi amiga Pilar Sordo-, no parece escrito por un iluminado y porque, además, no demuestra en ningún momento buena intención alguna ni ganas de mejorar el mundo, un libro muy interesante, quiero decir, sobre esto del trabajo o mejor sobre el exceso del mismo, que se llama… se llama…, pucha, no me acuerdo y no quiero recurrir a la wiki… lo escribió un tipo que se llama -creo- Carl Honoré… ¡Elogio de la lentitud! ¿Podrá ser? Me parece que se llamaba así o por lo menos algo así. Tampoco lo leí entero. Lo tengo por ahí.

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