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agosto 13, 2012 / Roberto Giaccaglia

Misterios argentinos. Hoy: Los intelectuales abducidos

La abducción es el acto por el cual uno o más seres del espacio exterior secuestran a una persona y la llevan a algún sitio determinado -una nave espacial, por ejemplo, o algún punto del universo distante de la Tierra-, para ser estudiada. Luego, se la devuelve a su planeta -a la vida en sociedad, digamos-, aunque con ligeros cambios. Por ejemplo, el abducido comienza a inventar recuerdos, a tergiversar la realidad, etc. Estos falsos recuerdos los hacen divagar también hacia adelante, como una forma permanente de sostener lo que dicen que ocurrió.

En Argentina esto viene dándose desde hace un tiempo, con características especiales. Los abducidos aquí, vaya uno a saber por qué razón, suelen ser actores, periodistas, escritores, etc. (O sea, intelectuales de diverso orden o por lo menos trabajadores de la cultura.) Otra de las particularidades locales es que luego de su retorno -tras una ausencia prolongada en algunos casos, y extrañamente breve en otros-, los abducidos comienzan a hablar bien del gobierno. Le inventan a la Presidenta, al ex presidente y a los ministros un pasado heroico, y defienden cualquier cosa que hagan o hayan hecho, las cuales son, dicen, para el bien de todos. Suelen utilizar, cabe aclarar, frases insostenibles o bien difusas, herméticas, difíciles de comprender -dando una prueba cabal de que su paso al otro lado los afectó seriamente. Un ejemplo paradigmático es el de Víctor Hugo Morales, quien en algún punto fue cooptado -abducido, es decir- y luego de su regreso comenzó a hablar bobadas. Otro, es el del cine de Adrián Caetano, tristemente arruinado, quizá para siempre. Ya hemos citado en estas páginas, además, los ejemplos de Fito Páez, Juan Terranova y Leopoldo Brizuela, todos ellos artistas difícilmente recuperables… si es que vale la pena intentarlo (recuperarlos, digo).

A los ufólogos de todo el mundo les llama mucho la atención la manera en que la abducción funciona en este país. Creen que la “transformación” -por llamarla de alguna manera- que sufren los intelectuales capturados es de similares características a las que lograba el fascismo, el cual tenía como programa político la organización de un cuerpo colegiado (intelectuales de diverso orden) que lo representara ante la sociedad. No se sabe todavía si esto es cierto, o si las comparaciones son por lo menos pertinentes.

Hoy traemos el ejemplo de lo que le ocurrió al escritor Ernesto Mallo, quien el jueves 9 de agosto de 2012 le decía al diario y/o boletín oficial Página 12:

La clase media es la que salió a cacerolear en la puerta de los bancos, pero se quedó calladita cuando desaparecían personas. La clase media está pataleando porque no puede comprar o vender departamentos y está dispuesta a inmolar a quien sea por sus dólares. Es la clase que hace que (Marcelo) Tinelli sea un éxito; tiene una gran admiración por el triunfo, no importa a qué precio. Se escandaliza cuando se descubren actos de corrupción que son magnificados –en cualquier sociedad, en todos los gobiernos del mundo hay corrupción–, pero no se escandaliza ante los grandes criminales, como los bancos o los empresarios. En la foto del crimen nunca están todos los que son. Las cárceles están llenas de pobres, tontos, irrecuperables. Pero los responsables de generar esas situaciones, de que un chico mal alimentado los primeros años de vida sea un irrecuperable, ¿ésos no son criminales? No están presos ni son perseguidos… Hay un dato que no sé por qué no se difunde. El índice más alto de criminalidad en la Argentina fue durante el gobierno de Menem. La criminalidad aumentó un mil por ciento durante el menemismo; ahora estamos en uno de los momentos más bajos. Y sin embargo, la cobertura mediática es mayor ahora”.

No se puede saber qué ocurrió en su cabeza. Lo único que está a la vista es el esfuerzo denodado, el empeño, el vigor puestos en esto que venimos comentando: hablar bien del gobierno, olvidarse de todo, mandar cualquier verdura.

1) Los falsos recuerdos que poseen los abducidos -tal vez un implante de alguna entidad superior-, los hace divagar, como ya señalamos: Mallo nos dice que la clase media estaba calladita cuando desaparecían personas… como si la clase gobernante de hoy hubiera puesto entonces el grito en el cielo. También nos dice que La clase media está pataleando porque no puede comprar o vender departamentos… frase en la que vemos otra vez la implantación de memorias, o más bien su borrado: ¿o no sabe este escritor nada acerca de las virtudes inmobiliarias de nuestros gobernantes? Que se dé una vuelta por el sur del país, a ver si encuentra algo que no sea de la familia Kirchner.

2) Lo segundo, Es la clase que hace que (Marcelo) Tinelli sea un éxito; tiene una gran admiración por el triunfo, no importa a qué precio… como si quien nos estuviera hablando fuese un esclarecido, alguien de cuyas obras podemos decir que son meritorias de un éxito que se le escapa, culpa del mal gusto imperante… Con lo que podemos argüir quizá que los abducidos comparten el desprecio stalinista por todo lo ligado el mero disfrute, al pasatismo, la llamada “banalidad pequeñoburguesa”, a la que ven como un pecado irredento, y un gusto por ende imposible de convivir con factores identitarios y movilizadores, típicos del “arte comprometido”, o por lo menos del bombo y el pogo que practica La Cámpora.

3) Sin embargo, Mallo ocurre en una contradicción luego: habla de que los actos de corrupción son magnificados… ¿No era acaso una costumbre de argentino pequeñoburgués dejar pasar la corrupción? ¿De qué clase social piensa Mallo que es la frase “Roba pero hace”? ¿Y qué es el “dejar hacer” si no una manera pasatista, conformista y banal de vivir la política? Y algo aún más importante: ¿No se da cuenta Mallo -o se hace el zota- de que la corrupción es la principal responsable de que haya chicos mal alimentados e irrecuperables? ¿No sabe que para que exista corrupción se debe sacar dinero de un lado -escuelas, hospitales, comedores, por ejemplo- para pasarlo a otro -inmobiliarias del sur, por caso?

4) Hay un dato que no sé por qué no se difunde. El índice más alto de criminalidad en la Argentina fue durante el gobierno de Menem, nos dice Mallo, en una clara muestra de borramiento por lo menos parcial de los datos que almacena. ¿Ya no se acuerda Mallo de quiénes gobernaban cierta provincia del sur durante la presidencia de Menem, de la cual decían que era la mejor que había tenido el país en su historia? ¿No fueron entonces parte responsable de la criminalidad que imperaba? Y otra cuestión: ¿no hay crímenes ahora mismo, todo el tiempo? ¿Qué es eso de que ahora estamos en uno de los momentos más bajos? ¿Cuántos muertos por día, por semana, por mes son necesarios para que alguien le preste atención a este índice? Y algo más: ¿quién lo maneja, el Indec?

(¿Alguien se acuerda de cuando los escritores eran hombres valientes y no estos seres amilanados que parecen venir de un espacio remoto donde su función es hacerles la corte –lamerles el culo, para usar términos populares- a los poderosos de turno?)

3 comentarios

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  1. Leonardo Pittamiglio / Ago 15 2012 4:04 pm

    Muy buen artículo. Juan Pablo Feinman es el más farsante de todos, con su filosofía chueca defensora de ídolos falsos. El gobierno está lleno de clase alta y clase media rica. Cualquiera de los que salió a manifestar a la plaza tiene menos plata que ellos. A Víctor Hugo tampoco le interesaban los desaparecidos en los setentas; e algo reciente en él su progresismo. Estos intelectuales usan la semántica y los símbolos para defenderse, pero obvian la realidad. Argentina no va a estar mejor después de este absurdo kirchnerista. Ellos son como cerdos de Rebelión en la Granja de George Orwell. Cualquier programa de Periodismo Para Todos los deja desnudos y sin piel, mostrando sus huesos cansinos. Se aprende más filosofía con Jorge Lanata que con estos filósofos imbéciles, como Ricardo Forster que articula una fantasmagoría setentista. Argentina es de los pocos países de América Latina que no redujo pobreza en los últimos 4 o 5 años. Ahora en educación están por debajo de Bolivia y Paraguay. En pié quedará esta simbología cristinista.

  2. Leonardo Pittamiglio / Ago 15 2012 10:59 pm

    El kirchnerismo es un Rodrigo izquierdizado, un paso intermedio entre la cumbia y León Gieco.

  3. Daniela / Jun 12 2013 5:54 pm

    Yo no defendería a Mallo, pero tampoco podría sostener suelta de cuerpo que ” la corrupción es la principal responsable de que haya chicos mal alimentados e irrecuperables”. Eso es un infantilismo político, tanto como negar la lucha de clases. No soy k, pero sostener ese estilo anti k digno de Magdalena o Nelson Castro, es medio penoso, elemental. tanto como suponer que un gran artista, por ser oficialista, ya está condenado ¿Qué nos quedaría para opinar de Celine, entonces? Un artista no está obligado a ser esclarecido, transparente, lúcido, sin perder su talento en su arte. Porque eso equivaldría a pedirle ser un Dios.
    Bueno, y lo del que opina sobre las cualidades filosóficas de Lanata…bueno, que se haga cargo.

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