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octubre 16, 2012 / Roberto Giaccaglia

Leyendo a Neuman

Nunca me gustó Andrés Neuman. Para mí es un misterio que los españoles le hayan dado casa, trabajo y comida, como a Messi. Pero en fin, que gasten su dinero como quieran. La venganza de los gallegos, eso sí, como hacen con algunos jugadores de fútbol comprados desde polluelos, es hacerlos jugar/escribir como ellos. Les quitan la chispa, la personalidad. Preguntale a Casas, si no, lo que hizo Europa con su preciado Lavezzi. Entonces no es de extrañar que después Neuman ponga “gafas” en vez de “lentes”, o “te echo un montón de menos” en vez de “te extraño”. No pudieron hacer lo mismo, mirá vos, con Hernán Casciari. El tipo se las mandó a guardar mientras todos creían que sólo estaba escribiendo. Y eso que de alguna manera les avisaba, eh, cagándose de risa de las costumbres españolas y añorando cada dos por tres el dulce de leche, los alfajores y los culos argentinos.
A propósito de alfajores, ¿de dónde sacó la Presidenta que todo lo que lleva el prefijo “al” nos aclara que viene de Arabia? El almidón, por ejemplo, ¿no se extraía en otras partes del mundo hasta que los árabes se dieron cuenta y lo bautizaron? ¿Y el alpiste? ¿Cómo se alimentaban los pajaritos enjaulados previamente a esta proeza gramatical?
Pero volvamos a Neuman, que lo dejamos varado en España, pensando si debe poner “calcetín” en vez de “media”, “correrse” en vez de “llegar” o qué.
Hablar solos es última novela, es cortita, apenas unas ciento ochenta páginas y fue por eso que me decidí a leerla, o por lo menos a empezar y ver después qué pasaba. No pasó nada.
El problema inmediato es que se trata de una novela a tres voces, o sea tres personajes que van contando cada uno a su ritmo y a su turno su propia vida y de paso la de los otros dos, lo que conformaría el “triángulo” que desarrolla la historia. Y resulta ser que en esta clase de novelas suele notarse demasiado el denuedo del escritor por hacernos creer que efectivamente se trata de tres voces distintas y no de un solo dios verdadero. Para mí, si una novela tiene tres voces, por caso, debería ser escrita por tres escritores diferentes. Suponete que a Neuman se le hubiera ocurrido esta historia o este argumento, o hubiese tenido esta idea, de armar una novela a tres voces, pues bien: lo llama a Mairal, por poner un ejemplo, y después a otro más y les cuenta de qué se va tratar la novela y entonces cada uno, por separado, mandándose mails, se hacen cargo de una voz diferente. Yo creo que habría quedado mejor. La despersonalización forzada no funciona -o casi nunca funciona-, no hay nada que hacerle. O hay que ser Bolaño. Yo creo que a él este tipo de cosas le salían bastante bien (a no ser que empleara a Fresán y a sus amigos de Anagrama para hacer cada uno sus partes y nunca nos hubiera dicho nada).
Entonces, ¿de qué trata esto, Hablar solos? Tenemos por un lado a un niño que cree tener poderes, que entabla una “relación” con el camión en el que lo lleva a pasear su padre, una relación que él cree correspondida; al padre en cuestión, que cuando nos cuenta lo que sucedió o va sucediendo lo hace con menos gracia y esmero que su hijo (el personaje de la novela que, paradójicamente, más le cuesta a Neuman); y una histérica -la madre del niño, la esposa del hombre- que de pronto se le ha dado por confesar (¿a quién, a nosotros?) su doble vida, sus deseos, su taradez, etc. ¿Qué más? Ah, sí, el hombre parece que se está muriendo y la pareja separando, con el niño en medio, que tal vez este disfrutando de su último viaje en Pedro (así le puso al camión de su padre), y que quizá tenga un futuro asegurado como vidente o pronosticador del tiempo.
Aguanté hasta la página 64, donde dice -habla la madre-: “Me gusta el 10. Es un número bonito. Parece un látigo apuntándole a un culo”. La señora está obsesionada con el sexo (algo de lo que cuenta me hizo acordar vagamente a las perversiones tipo Ballard, o Cronenberg, como se prefiera. Vagamente, quiero decir), pero o bien su imaginación es muy superior a la del lector promedio (¿un diez = un culo con un látigo?) o está loca como una cabra.
Así que dejo a Neuman con lo suyo y agarro la Noticias -no se puede leer todo, qué le vamos a hacer. La producción de la tapa (Jorge Lanata “fichado” en la policía), como todo lo que saca Noticias últimamente, no por exagerada carece de sentido: esa imagen es el sueño de todo kirchnerista que se precie de tal: verlo al gordo tras las rejas, silenciado, inutilizado, sin los monólogos demoledores de cada domingo.
No me gusta Aguinis, pero la columna que escribe a propósito del caso Lanata vs. Gobierno/Venezuela está bastante bien. Señala una cosa que si uno no es un idiota seisieteochado es obvia y por ello mismo dolorosa: si este Gobierno gobernara para todos los argentinos y no para unos pocos, se habría preocupado por la suerte ocurrida a periodistas de su país en tierras extranjeras y habría actuado en consecuencia: reclamando, poniendo el grito en el cielo, cancelando relaciones (ja ja ja). Pero no.
Si para algo sirve este caso, es para desnudar (todavía un poco más) las execrencias morales de la Presidenta, sus ministros y sus periodistas a sueldo.
Yo creo que vamos perdiendo, pero cada vez por menos goles.

3 comentarios

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  1. Pustulio / Oct 21 2012 5:19 pm

    No soy especialista en la vida de Neuman (solo sé con certeza que su sonrisa es perfecta), pero creo que llegó a España a los catorce años, y que lleva más de veinte viviendo en Granada. ¿En verdad es tan raro que utilice léxico peninsular? Si Neuman es un traidor, ¿entonces Wilcock es el villano más grande de la historia de la literatura argentina? ¿Un escritor argentino pierde la chispa y la personalidad cuando dice calcetín en lugar de media? ¿Sólo los escritores argentinos tienen chispa y personalidad? ¿Qué pasa con Gelman, que escribe medio en argentino, medio en mexicano, y a veces en ladino? ¿Los escritores argentinos tienen la obligación heroica, como Brizzuela y Terranova, de defender a la Presidenta, y además de jurar lealtad eterna al Diccionario de argentinismos? La patria de un escritor es la lengua, pero ¿la lengua de su ciudad, de su provincia, de su país, de su continente? ¿Los escritores cordobeses que dicen boludo en lugar de cuelado son, aparte de traidores, peores escritores que un compositor de cuartetos? Si la patria de un escritor es su lengua, ¿qué pasa cuando le gusta una palabra, un giro, una expresión que se usa del otro lado de la Cordillera, de la Quiaca o del Océano? No hablo de costumbrismo, claro, en donde los aldeanos tienen que hablar como su aldea se los impone.

    Me llama mucho la atención el rechazo visceral que a los escritores y lectores argentinos les producen los dialectos de otros países. Y me llama la atención porque si, hoy en día, hay una literatura uniforme, en que no se juegue con la prosa, una literatura sin prosa, es precisamente la literatura argentina. Y creo que tú mismo lo barruntas, cuando te sorprende la prosa de Yuri Herrera, por ejemplo, que no duda en crear neologismos (ah, ese maravilloso jarchar), rescatar arcaísmos, incorporar giros dialectales ajenos a su habla. Chejfec pasea, Aira imagina, Tabarovsky levita y el resto militan, pero todos escriben igual.

    Por cierto, no he leído al sonriente Andrés. Y gran, gran blog. Da gusto encontrarse con algo así.

    Un saludo admirado,

  2. Roberto Giaccaglia / Oct 21 2012 10:15 pm

    Cierto, gran blog. Eh, no, ahorita (México) en serio. Yo no digo que Neuman sea un traidor, ¡lo único que faltaba! Que escriba como quiera. Pero si es un escritor argentino, me gusta que ponga “lentes” en vez “gafas”, sí, qué le voy hacer. Lo de la “chispa”: fijate que para encajar en las editoriales españolas, hay que perder pues cierta espontaneidad. Como quien dice, “hablar mejor”. ¿Quién los entendería si no? Su mercado es más grande: si quieren publicar allá, para satisfacerlo deben olvidarse de cómo hablan acá. Y Brizuela: je je, ¡Brizuela! Este defiende a la Presidenta, sí, pero no desde argentinismo alguno. Navegá un poco este gran blog, y fijate en el título “Escribo para la corona”. Ahí lo tenés a Brizuela, a su Presidenta y su “argentinismo”. Otro que perdió la chispa. La patria de un escritor es la lengua, sí, ¿y sabés cuál? La del barrio. La que hablaba con sus amigos en la esquina. Esa es. La única que no hay que traicionar. Los escritores cordobeses dicen “boludo”, es cierto, aunque no es patrimonio de ellos. Y no dicen “culeado”, si no en todo caso “culiado”, con “i”. Todo esto no significa que no se pueda “jugar” con la lengua, como hace el fantástico Yuri Herrera. Pero no es la intención de Neuman o de Brizuela. Lo suyo es más bien una “adaptación”. O, dicho de otra manera, “perder la chispa”.
    Saludos.

  3. Pustulio / Oct 22 2012 5:50 am

    Me gusta eso de que la patria es la lengua y la lengua es el barrio, culiado.

    No creo en la conspiración judeomasónica de los grandes grupos editoriales españoles para obligar a los sudacas a decir “tío”. Alfaguara internacional, que vendría a ser algo así como el mal, publica las novelas del Fer y del Jaime (como les llamas) sin ningún problema, y yo creo que tienen chispa y que no están hispanizadas. Pura vida y puro barrio, esos libros. Y pasa lo mismo con las pocas independientes que publican originales en español: ahí tienes a Yuri Herrera, o esa gran novela que es Chamamé, de Leonardo Oyola. Y hay otro argumento: si a las multinacionales les gusta tanto el español peninsular, ¿por qué la inmensa mayoría de los escritores españoles también escriben en español McDonald’s? Pocos escritores tan avergonzados de su castellano como los españoles. Huyen de él como de la peste. En poco libros lo explotan y es una lástima. No, la culpa no es de los grandes grupos, sino de los escritores. Trabajar el lenguaje no es fácil.

    Leí la entrada sobre Brizuela, y te agradezco ahorrarme la lectura del libro millonario. Leí Inglaterra:una fábula, y me pareció una plasta.

    Qué ganas de leer a Gaiteri, aunque a estas alturas un cuentista carveriano, cuando todos los cuentistas son carverianos (salvo un par de borgeanos y de cortazarianos que hay por ahí), da un poco de grima.

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