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noviembre 30, 2011 / Roberto Giaccaglia

Diario de un librero #43

-Para mí que se trajo un duende de la escuela.
-¿Ah sí?
-Claro, la debe haber acompañado hasta casa.
-Mirá vos.
-De buenas a primeras empezaron a desaparecernos las cosas, o cambian de lugar, todo el tiempo.
-Bueno, tenemos libros que dicen que son muy traviesos…
-Sí, me vas a decir a mí. Vos dejás cualquier cosa en un lado, te das vuelta y se te desaparece. Es increíble.
-Ja ja.
-Pero es un problema eh, no sabés. Te da vuelta todo, no te deja nada sin tocar.
-Me imagino. ¿Y de dónde decís que lo trajo?
-De la escuela. Ella va a una escuelita que queda en un campo, viste, o no un campo, es como un monte…
-Un monte…
-Sí, tienen como una hectárea de lo que sería el patio de la escuela, que es nueva, es todo territorio virgen ese, el loteo es reciente, nadie sabe lo que hay ahí.
-Ajá.
-Y bueno, debe haber muchos duendes, gnomos, lo que sea, no sé cómo llamarlos, pero seguro que se trajo uno.
-Es tierra de duendes esa.
-Claro que sí. Y una actividad muy linda que hacen los chicos es salir una noche con farolitos, por el monte, a caminar. Y bueno, en una de esas noches se ve que el duende la siguió hasta casa.
-¡Se trajo un amigo!
-Claro, Y ella habla con él, no sabés…
-¿Y qué le dice?
-Y bueno, el otro día estábamos por salir y nos desaparecieron las llaves. Entonces ella va a su pieza y le empieza a decir Portate bien, devolvenos las llaves y a la vuelta te dejo los juguetes y vos jugá todo lo que quieras. Y no vas a creer, miramos donde tenían que estar las llaves y ahí estaban de nuevo.
-Es cierto, es increíble.
-Vos le contás a la gente y piensa que estás loca, viste. Yo por eso a veces no digo nada.
-Bueno, que la gente crea lo que quiera.
-Por supuesto… Se ve que no le gusta estar solo, viste…
-¿Al duende?
-Claro, vos amagás con irte y él se da cuenta y te hace esas cosas para que te quedes.
-Es un compañero.
-Exacto. Los chicos de la escuela y ese lugar tienen una relación especial con ellos, muy linda. Y entonces ellos lo notan…
-¿Los duendes?
-Sí, y bueno, entonces a este se ve que le cayó en gracia mi nena y la siguió a casa, qué se va hacer… Ay, a veces la escucho hablarle y me da una risa.
-Debe de ser gracioso, sí.
-Si no se pone muy pesado es gracioso, sí… A veces me hace perder la paciencia, pero bueno, ya está, está ahí…
-Y sí, no lo vas a echar…
-¡No, claro! Je je… Bueno, chau, nos vemos.
-Nos vemos, gracias por tu compra.

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